El valle del río Besaya discurre por el centro geográfico de Cantabria, donde se encuentran los vestigios de sus primeros habitantes. La zona ha estado poblada siempre, en el sentido literal del término, como demuestra la cercanía de las pinturas rupestres de Altamira y Puente Viesgo.

En el siglo I, los romanos, siguiendo el curso del río, construyeron la calzada que serviría en primer lugar, de comunicación para las legiones que acabaron sometiendo a los cántabros; y después para transportar los minerales extraídos de los importantes yacimientos encontrados. Fruto de ello, es la existencia cercana de las escasas muestras de romanización en Cantabria: los puertos del norte como Portus Blendium (Suances) y Portus Victoriae (Santander) y la ciudad de Julióbriga, junto a Reinosa; además de los restos de la calzada romana entre Pesquera y Bárcena de Pié de Concha.

La actual carretera hacia Palencia sigue el trazado de las rutas que utilizaron los peregrinos para acceder al Camino de Santiago desde Santillana del Mar, el mismo camino que siguieron posteriormente la ruta de la lana y el trigo castellano hacia Europa.

Torrelavega es la capital de la comarca y entorno a ella se desarrolla el comercio, la industria y la administración de la misma, siendo además su mayor núcleo de población, seguido de Los Corrales de Buelna.
A lo largo de su historia es crean obras y se erigen monumentos de gran valor, tanto de carácter civil (Cartes, Riocorvo, Las Fraguas), como religioso (Silió, Yermo), la gran mayoría de ellos declarados monumentos histórico- artísticos. Vestigios anteriores a la romanización son: las cuevas prehistóricas de «Hornos de la Peña» y la estela cántabra de Barros, monumental piedra labrada, de forma circular y carácter funerario.
Como en la mayoría del territorio regional, también cuenta esta comarca con su balneario de aguas minero-medicinales, enclavado en Las Caldas de Besaya.